….
Corriendo sin descanso buscaba un refugio, pero de un
momento a otro sintió la corriente fría del agua del lago subterráneo hacer más
difícil su desesperada huida.
Las aguas antes turquesas brillantes tan puras como lo fue
su alma en algún momento se tornaron negras y espesas apenas esa voz de tonos
antes doraros gritara una y otra vez su nombre con furia.
— ¡Christine! —gritaba encolerizado el fantasma y su voz
ahora de demonio creaba ecos espantosos que provocaban en la prima donna un
temor indescriptible.
— ¡CHRISTINE!
Ella se detuvo a tapar con sus palmas temblorosas sus oídos.
Ya no quería escucharlo sin esa ternura y amor que siempre escucho de sus
labios, no soportaba la decepción y enojo en sus palabras crueles que
torturaban su alma.
Era su culpa, ella gano su corazón y lo destruyo. Esa pobre
alma solitaria que había sufrido los horrores de la sociedad ignorante, que aun
en su piel tenía las marcas imborrables del maltrato fue pisoteado por la única
persona a la que abrió su corazón agonizante.
Lo llamo mounstro y lo juzgo por una cara que él nunca
pidió.
— ¡TE ODIO NIÑA IGNORANTE!
Ella ahogo un sollozo ante la declaración adolorida para
después negar frenéticamente. Este no era su ángel, este no era Erik, esta voz
era la de el infame opera ghost. Una fachada que su querido profesor usaba para
enmascarar su alma sensible, y él la usaba de nuevo para aparentar que su
traición no le había lastimado hasta el punto medio entre el dolor agonizante y
la anhelada muerte.
—Christine…Christine….CHRISTINE.
Dando un respingo Christine se encontró en su cama con Meg
delante de ella sacudiéndola con suavidad.
— ¿Meg?
Su amiga rubia asintio.
—Quien más Christine.
Incorporándose Christine miro hacia todos los rincones de su
habitación. Ya no había frio lago negro profundo que la ahogaba a cada momento,
ya no había voz furiosa y el peligro ya no estaba tampoco.
— ¿Estabas teniendo
una pesadilla verdad? —pregunto Meg casualmente metiendo las manos detrás de su
espalda.
—Algo así. —contesto Christine notando que su amiga ya
estaba arreglada para los ensayos de esta mañana.
—Me lo imagine cuando te vi sacudirte de esa manera.
Christine sonrió cansada mientras salía de la cama.
—Christine no deberías exigirte tanto.
Ella se refería a todas las noches que se quedó en su
camerino repasando las líneas que le tocaban representar en esta ópera. Romeo y
Julieta una obra literaria cargada de drama, romance y tragedia como su propia
historia con el hasta ahora ausente fantasma.
Julieta fue su papel sin siquiera proponérselo, al parecer
los gerentes consideraron que ella era la indicada para interpretar a la pobre
mujer que perdió al amor de su vida por culpa del odio. Que cruel era el
destino con ella al imponerle la tristeza incluso en sus interpretaciones.
—Tienes razón, ¿pero qué hago?, los gerentes esperan mucho
de mí.
Meg suspiro.
—Yo creo que está adoptando el papel muy enserio.
Señalo su expresión de tristeza.
— ¿Romeo no está siendo indulgente verdad?
Christine no sabía precisar si su joven amiga se refería a
el vizconde, oh al propio Erik del que una vez le conto omitiendo lo obvio
claro.
— Esa cara no es por Raoul.
— ¿Es por ese misterioso hombre?—Cuestiono sabiendo muy bien
la respuesta
—Hice algo terrible. —confeso con dolor claro en su rostro.
—Tal vez provoque su odio.
Ambas salieron de la sección de habitaciones de todo el
cuerpo de ballet y bajaron por las escaleras de metal hacia el escenario.
—Vamos nada es tan
terrible.
Christine negó.
—Lo que yo dije si es terrible, y no te imaginas como me
arrepiento.
Meg habría querido decir algo para aliviar la angustia de su
amiga pero su madre rompió el silencio con un golpe de su tacón en el piso.
—Llegan tarde.
Madame Giry les dio una mirada molesta.
—Las demás ya terminaron el desayuno.
Meg y Christine bajaron la mirada. Con madame Giry no se
debía discutir, eso lo aprendieron a la mala.
—Vamos dense prisa.
Asintieron y caminaron con prisa hacia el comedor.
—Christine. —llamo la profesora y ella volteo lentamente.
— ¿Estas bien?
Ella negó.
— ¿Señora…ha sabido algo de Erik? —le pregunto con una
expresión cada vez más decaída.
—Bueno...no…lo siento.
Christine no le creyó en lo más mínimo.
—Madame por favor necesito verlo…para disculparme.
Madame Giry negó.
—Él no quiere ser molestado, lo siento Christine, pero se
acabó.
Tal como en su sueño sintió la caída en el abismo al
escuchar la declaración de su madre adoptiva. Esto no podía acabarse, no así.
—Erik está muy herido, el simplemente dejo la música, ya
nada te une a él.
Ante las declaraciones Christine negó. Ella lo conocía
demasiado como para creerse esa mentira.
— ¡Por favor dígame donde esta!
Volvió a pedir esta vez con más fervor.
— ¿Para qué?, ¿para terminar de destruirlo?, no Christine,
él es como otro hijo para mí y no puedo permitir que sufra más.
Enderezando su
vestido color verde y su chal negro se fue hacia otra parte lejos de las
suplicas de su alumna. Ella hizo un juramento a aquel hombre roto que en su
tiempo fue tan temido y estaba cumpliéndolo.
Sin importar cuanta agonía viera en los ojos de su hija adoptiva.
….
Los días pasaron y cada noche era el mismo sueño para
Christine. Erik reprochándole por la forma en que se lo había descrito a Raoul
y ella intentando llegara a él atraves de lagos oscuros espesos y profundos.
Madame Giry seguía fiel a su promesa de mantener la
ubicación de Erik secreta aun cuando Christine le rogaba tan desesperadamente
como esa noche.
— Solo quiero verlo, madame por favor.
La maestra de ballet negó.
—Ya te lo dije Christine olvídate de Erik, él no quiere
verte.
Meg que estaba junto a su amiga levanto una ceja al ver la
maneta tan fría en la que su madre trato a Christine.
— ¿Que fue todo eso? —pregunto después de que su madre se
fuera.
—Nada. —le respondió rastrillándose las lágrimas y caminando
hacia el lado contrario del corredor dejando a Meg muy preocupada.
De regreso a su camerino se topó con el apuesto vizconde
esperándola junto a su puerta. Se golpeó interiormente ya que había olvidado
que Raoul la había invitado a un paseo por la ciudad, ingenuamente esperando
que así se quitara ese velo de dolor, pobre ingenuo Raoul nunca ve más allá de
su nariz, pensó deteniéndose frente a él.
—Christine que bueno que llegas.
Raoul le sonrió con dulzura.
—Todo está listo para
nuestro paseo. —dijo aventurándose a tomar sus manos deteniéndose a notar que
estaba muy fría.
—Raoul lo siento pero estoy cansada.
El rubio hombre negó.
—Otra vez con eso Christine, ayer me dijiste lo mismo.
La prima donna suspiro.
—Raoul por favor.
Raoul negó.
—Que no entiendes que trato de ayudarte. —mascullo perdiendo
la paciencia.
— ¡No quiero tu ayuda!, Raoul tu no entiendes…solo vete.
Con intenciones de encerrarse en su camerino fue a tomar el
picaporte de su puerta pero Raoul la jalo del brazo.
— ¿Hay alguien más verdad?
Apretó su muñeca.
—Es por eso que están tan triste, ¡por ese mounstro!
Frunciendo el ceño ante la manera en que el Vizconde se
refirió a su amado ángel Christine se soltó con brusquedad de su agarre y lo
enfrento.
— ¡No vuelvas a
llamarlo un mounstro!, ¡tú no sabes lo que él ha pasado!
Raoul rio.
—Tu misma me lo describiste como una abominación Christine,
fueron tus palabras no las mías.
Christine negó
mientras las lágrimas hacían surcos en sus mejillas una vez más.
— ¡Eres un idiota!
Desde el otro lado del pasillo Meg miraba la escena con
incredulidad.
—Madre dime quien es ese hombre por el que Christine rechazo
al vizconde.
Madame Giry que también había aparecido atraída por el ruido
de la discusión miro a su hija.
—¿Por qué quieres saberlo? —pregunto cruzándose de brazos.
—Quiero ayudar a Christine pero si no se toda la historia no
puedo.
Antonieta Giry sonrió.
—Bueno…él es un músico, el más virtuoso que he escuchado.
Meg asintio.
—Para Christine fue un gran apoyo desde la primera vez que
llego a la opera. —dijo con melancolía recordando lo feliz que estaba la
pequeña Christine cuando tomo al fantasma por ángel.
— ¿Quieres decir que ese hombre es su famoso ángel de
música?
—Si él es…
Meg suspiro.
—Valla ahora entiendo…un hombre con la voz de oro y un
rostro atractivo, veo por qué el vizconde resulta tan insignificante para ella.
—dijo soñadora.
—No, él no es guapo como el vizconde, él es feo.
Madame miro hacia la habitación de Christine.
—Esconde algo terrible detrás de un mascara.
Meg hizo una exclamación de terror.
—Una…una máscara… ¡oh dios es el opera ghost!
Raoul que estaba por irse alcanzo a escuchar el grito de Meg
y se detuvo a espiar.
—Cómo puede amarlo, él es un asesino.
Antonieta miro mal a su hija.
—Meghan recuerdas lo que te dije una vez, todos cometemos
errores.
Raoul rodo los ojos, ahora comprendía quien solapaba las
reuniones de Christine con el mounstro.
—Pero mama ella corre peligro con él. —argullo mirando por
un momento hacia las sombras asegurándose que dicho fantasma no estaba
escuchando.
—Él la ama, jamás le haría daño.
Explico Madame Giry.
—Es un asesino.
Insistió Meg, pero su madre salió una vez más en defensa de
Erik.
—Meg él es un buen hombre al que le debemos mucho, recuerdas
cuando tu padre murió.
Ella asintio. Tenía seis años cuando su padre murió, pero
recordó que hubo un hombre que ayudo a su madre a darle un funeral digno al
hombre que más amo. Tenía una máscara que lo hacía ver aterrador.
—Mama si insistes tanto en su amor por Christine, ¿porque no
le dices donde esta?
Madame Giry suspiro.
—Ella lo daño sin darse cuenta Meg, y él está muy lastimado
temo que si lo vuelve a ver no será capaz de comprender sus sentimientos y lo
lastimara más.
Raoul sonrió maquiavélicamente. Todo un plan se formó en su
cabeza.
—Ella es joven y con un vizconde…Erik no tiene nada más que
la dignidad, con el tiempo lo olvidara.
Meg miro hacia el suelo con tristeza.
—Solo espero que la tristeza no la termine matando.
El vizconde se enderezo y salió de la casa de la opera con
la firme idea de matar ese lazo que aún tenía conectada a su querida lotte con
el infame opera ghost. Claro sin pararse a meditar las consecuencias terribles.
….
En su camerino Christine miraba el espejo de marco dorado
deseando que su ángel apareciera. Lo necesitaba como nunca, sus palabras dulces
y amorosas, su música, su guía, su sola compañía.
—Ange.
Toco el vidrio pulido y suspiro. Hoy más que nunca se sentía
seguro de sus sentimientos, todo el tiempo que estuvo a solas con su mente
considero a fondo las cosas, Raoul y Erik, la luz y la sombra, el príncipe y el
villano.
En pocas palabras comparo los sentimientos que tenía por el
vizconde con lo que despertaba su ángel en ella y al final con pesar se dio
cuenta que el fuego siempre estuvo hay aterrándola con su intensidad. Un
recordatorio de a quien pertenecía su corazón.
—Erik…te amo…por favor ven…
Se quedó callada tratando de escuchar algo que le indicara
que la estaba escuchando.
—Te necesito…
En un recoveco de su mente se preguntó si esto sería como en
Romeo y Julieta, si Erik estaría como romeo escuchando a escondidas su
confesión. Christine deseo con fuerza que fuera así mientras se quedaba con la
mejilla contra el espejo llorando las penas de un corazón roto.
….
A la mañana siguiente toda la opera se despertó con la
noticia del compromiso auto proclamado del vizconde con la prima donna
Christine Daaé. Todos estaban en shock inclusive Christine que busco converser
que era solo una mentira pero al parecer un anuncio en el periódico convencía
de lo contrario.
Confronto a Raoul, pero él simplemente le dijo que todo esto
era para protegerla, aunque al final solo era para vengarse.
—Christine.
Se tensó al escuchar la voz familiar.
—Erik.
Se lanzó a abrazarlo con fuerza pero él no respondió.
—Tú dijiste que me
amabas y luego…vas y celebras tu compromiso.
Arrogo sobre el taburete el periódico y se giró a mirarla.
— Eso no es verdad—masculló en su defensa mirándolo a los
ojos.
—Erik yo solo te amo a ti.
En un borrón Christine se encontró entre los brazos del
fantasma.
—Estas mintiendo.
Ella negó.
—Tú me escuchaste, yo no miento cuando te dijo que te amo.
Para probar su punto puso sus manos en su rostro y deshizo
las correas de su máscara revelando un rostro distorsionado.
—Christine. —Susurro este engatusado por los toques suaves
que sentía en su piel —No me mientas más.
Ella toco la piel delgada de su mejilla.
—No te miento.
Sus labios rozaron los deformes de su ángel y respiro otra
vez su confesión.
—Te amo…
Quería besarlo pero él la sacudió para apartarla.
— ¡No!
Camino hacia el espejo entreabierto.
—Ya no caeré de nuevo.
Christine se fue tras él.
— ¿Es acaso que dejaste de amarme? —pregunto tomando un
extremo de su capa. —Erik…
Su tono de tristeza fue demasiado para soportar, era más
doloroso que el rechazo mismo.
—Nunca podría, aunque quisiera. —respondió cayendo de
rodillas asustándola.
— ¡Erik! —grito apresurándose en su auxilio.
—Maldición…no pensé que actuara tan rápido.
Una botella pequeña rodo a sus pies.
—Que… ¿qué es esto?
Tomándola entre las manos lo miro a los ojos dispares.
—Veneno. —respondió con simpleza.
— ¡Que!, ¿por qué lo bebiste?
Erik rio.
—No es obvio. —susurro mientras señalaba el periódico.
—no…no… ¡NO!, son puras mentiras de Raoul.
Comenzó a sacudirse mientas lloraba desesperada.
— ¡yo jamás consentí ese anuncio!
Él la miro de soslayo sintiendo la vida irse poco a poco.
—Christine. —llamo tratando de llegar a ella con su mano
temblorosa.
—Yo te amo.
Desgarro el papel y lo miro a los ojos para después
sacudirlo.
—Erik tienes que creerme
El rio con diversión mientras pasaba sus dedos por su
mejilla tratando de memorizar cada detalle antes de cumplir con el infierno que
seguramente le esperaba.
—Te creo y te perdono Christine. —dijo bajando su rostro
desenmascarado más cerca del de la ex bailarina.
—Te quiero…
Su beso fue asolo un
rose simple antes de que su cuerpo callera laxo contra ella
—Erik, Erik…por favor…
Lo sacudió otra vez obligándolo a abrir los ojos.
—No me dejes.
Erik negó con la cara contra su cabello rizado.
—Aun la muerte no me apartara de tu lado. —dijo besando con
suavidad sus rizos.
— ¡Erik!
Para Christine el pensamiento acudió como una solución
errante a esta situación.
—Bien entonces
llévame contigo…como Romeo y Julieta…que nuestro amor termine en un dramático y
trágico final.
Levanto su cara con sus manos temblorosas.
—Que… ¿qué haces Christine? —pregunto entrecortadamente en
medio del agotamiento que entumecía su cuerpo.
—Besarte para que algo del veneno que bebiste me mate
también.
Negó.
—No…no lo hagas…tú
debes vivir…en la luz lejos de mi sombra.
Christine rio.
—Que no entiendes que sin ti todo es un oscuro destino que
no me interesa vivir.
Beso con delicadeza sus labios imperfectos encontrando lo
que buscaba. El veneno amargo que aún se saboreaba en su piel agrietada.
—Oh, amor cortes concédenos el paraíso. —dijo Erik
rindiéndose orando que esta decisión precipitada no condenara también a su
amada.
—Erik.
Christine embozo una sonrisa mientras se acostaba en su
pecho. Aun a las puertas de la muerte podía recordar los pasajes de la opera
que el mismo adapto.
— ¡Oh, feliz daga! ,
Este es tu filo, corróeme entonces, y déjame morir—Christine por su parte murmuro
alzando la cara para que al final ella y Erik pudieran compartir un último beso
antes de que el veneno detuviera sus corazones pero no su amor que esa noche
los unió en la eternidad.
….
El tiempo paso normal a partir de esa noche que la profesora
encontró en su camerino a ambos amantes muertos por envenenamiento.
Los chismes no se detuvieron, decían que la prima donna
había sido víctima del amor obsesivo del fantasma. Raoul se había encargado de
correr el chisme pero madame Giry siempre supo que había sido una decisión
tomada con libertad.
Las almas de Erik y Christine eran tan unidas que si una
llegaba a faltar la otra no sobreviviría y eso se lo explico el viejo amigo del
expirado fantasma de la opera cuando se enteró que Erik había fallecido.
El dagora le conto que al enterarse del falso compromiso
de Christine, Erik había elaborado un eficaz veneno que bebió antes de ir a
confrontar a la cantante. Pero en vez de encontrar el rechazo que le haría
desear la muerte, encontró el amor verdadero que lleva a cometer locuras.
—Meg ya es hora de irnos.
Desde la entrada del cementerio Antonieta grito a su hija
que aun murmuraba un par de cosas a la lápida de Christine Daeé antes de dejar
unas rosas.
—Ya voy mama.
Dándole una última mirada a la otra tumba se acercó a su
madre.
— ¿Crees que son felices? —pregunto la rubia mientras
ajustaba su abrigo lanudo para protegerse del viento helado del invierno en
pleno apogeo.
—Están juntos, claro que lo son.
Apenas ambas mujeres salieran del cementerio la puerta de
metal se cerró con un estruendo y una silueta luminosa apareció después de un
soplo cargado de nieve. El fantasma hizo una mueca de tristeza.
—Pobre Meg.
Justo a su lado otra silueta apareció abrazándola por la
espalda.
—Ella piensa que
empuje tu muerte. —dijo él con tristeza.
—Está equivocada, ange yo tome esa decisión, yo no habría
podido vivir sin ti.
Se giró a verlo a la cara.
—Te amo.
Erik sonrió pasándole una mano por la mejilla.
—También te amo.
Ambos espíritus se desvanecieron entre la ventisca después
de un beso regresando a su nuevo hogar en los cielos.
Fin
Wow mi primer Fanfic después de un buen rato. Esperaba que fuera más
trágico pero al final simplemente no pude, espero fuera de su agrado y dejen un
comentario. :}

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