domingo, 7 de diciembre de 2014

Capitulo: 1
El misterio en una caja.
….
Aprovechando el rato libre que tenía en el hospital Mina Murray salía de su casa para pasear con su amiga Lucy por la plaza. Ella había insistido tanto que no tuvo más que cerrar su libro y tomar su sombrero.
—Solo espera a que veas el tipo de tela Mina. —Lucy dijo muy entusiasmada sonriendo anchamente. —Mama la encargo personalmente de parís.
Mina le dio una mirada curiosa.
 — ¿Entonces esto no es solamente un paseo? —pregunto a su amiga que solo rio sutilmente tapándose la boca con su mano enguantada.
—Por supuesto que no, era una forma de llevarte a tu sorpresa.
Negó resignada mientras continuaba a caminar detrás de Lucy.
—Además estoy segura que si te hubiera dicho desde un principio que iríamos a ver diseños de vestidos tú abrías buscado una excusa para quedarte a leer todo el día.
Mina no dijo nada ya que ella tenía razón. No le entusiasmaba mucho el ir de compras con Lucy, ella a veces podría tomarse su tiempo para escoger entre flores, oh encaje.
—Una dama solo se casa una vez Mina, todo tiene que ser perfecto.
Llegaron a un edificio bastante lujoso donde Lucy empujo ambas puertas dobles para revelar el interior aun más deslumbrante. Papel tapiz verde y beige, estantes llenos de diferentes prendas de ropa y zapatos de todo tipo de colores.
En pocas palabras el paraíso para una chica que amaba imponer moda.
—Señorita Westenrra, bienvenida.
Un hombre bajo por las escaleras a toda prisa apenas escucho el tintineo de la campana que acostumbraba dejar sobre el mostrador.
—Phillip, cuanto tiempo.
Lucy abrazo a dicho hombre.
—Como unos dos meses querida, desde que nos diste la espléndida noticia.
Phillip le sonrió.
—Una boda que maravilla. Quien es el afortunado, Jhon, Josep…oh tal vez ¿Raúl?
A todos los nombres ella negó.
—Oh querida dame una pista, has tenido tantos pretendientes que es imposible adivinar. —argullo él mientras torcía el gesto.
—Bueno tu primera pista es que yo no soy la novia.
Phillip levanto una ceja.
— ¿No?
Lucy negó.
—Es mi amiga Mina Murray.
Phillip se asomó hacia donde estaba Mina de pie viendo con curiosidad los estantes con viejas reliquias entre montones de tiras de encaje.
—Mina él es Phillip Montesco, el mejor diseñador que pude encontrar en parís.
El hombre castaño rio mientras agitaba su mano.
—Siempre exagerando querida.
Le tendió la mano enguantada.
—Mucho gusto mademoiselle Murray. —susurro para después darle un cortes beso en los nudillos.
 —El gusto es mío señor Montesco.
Phillip negó.
 —El señor Montesco era mi padre, solo llámeme Phillip señorita.
Mina asintio sonriéndole con amabilidad.
—Bueno, ahora vamos querida deja que te lo muestre.
Ambos se fueron hacia las escalera pero Mina se quedó hay mirando aquella cajita de madera. Tenía algo bastante familiar pintado en un lado, un símbolo que ella recordaba haber visto en algún otro sitio.
Se acercó al estante y toco indecisa la puertecilla.¿ Esto sería considerado un hurto?, se preguntaba mirando hacia todos lados.
—Veo que le ha gustado.
Dando un brinco se giró a ver a la mujer justo en el umbral detrás del estante.
—Oh, discúlpeme no iba a robarlo, solo quería verlo. —mascullo apartándose.
La mujer asintio.
— ¿El espejo de plata? —pregunto sacando una llave del bolsillo de su vestido.
—No, la caja de madera.
Le dio una mirada extrañada.
— ¿Una baratija como esta llamo su atención? —le pregunto tomando entre sus manos la caja pequeña.
—Parece ser muy antigua y es muy hermosa. —contesto Mina recibiendo en sus manos ese objeto tan familiar.
Justo en ese momento las puertas dobles volvieron a abrirse y la pareja menos esperada entro en el pequeño taller. Lady Jayne Wetherby con Alexander Grayson, claro juntos como una pareja enamorada.
  —Oh…—susurro bajo Mina manteniéndose de espaldas a la pareja.
—Phillip—llamo Jayne separándose de su acompañante para pasearse cerca de los estantes de cristal.
—Está ocupado con una clienta.
Mina miro a la anciana que observaba con desagrado a Jayne.
—Ya veo gracias…
Lady Wetherby también noto la presencia de Mina. Claro ese abrigo era difícil de olvidar cuando lo había más veces de lo deseado.
—Señorita Murray, que sorpresa.
Alexander que había estado viendo sin interés los vestidos en exhibición cerca de la entrada levanto la mirada apenas escucho a Jayne.
—Pensé que eso de la clienta eran puras mentiras de Phillip, pero ahora entiendo por qué no puede recibirme.
Se fue a recargar en el mostrador.
—Ese hombre necio, le he dicho miles de veces que no solo las telas finas se ponen en exhibición.
Le dio una mirada despreciativa a Mina.
—Que desconsiderado no crees.
La mujer mayor miro a Mina y luego a la rubia.
— ¿Usted es Jayne Wetherby? —pregunto fingiendo revisar el cuaderno que Phillip guardaba dentro del mostrador.
—Lady Jayne Wetherby, señora…
—Juliet Montesco. —le dijo mientras cerró el cuaderno y le dio una mirada confundida a Jayne.
—Qué extraño no está en mi lista.
Lady Wetherby frunció el ceño.
—Hace unas semanas encargue aquí un vestido.
Juliet capto la mirada confundida de Mina y guiñándole un ojo saco el catálogo de diseños.
— Ya recuerdo, ¿el rojo con el talle muy chico?
Jayne asintio.
—Oh mis disculpas señora, pero por el tamaño del talle pensé que sería para una mademoiselle no para una…madame como usted.
Ofendida Jayne se fue otra vez junto a Alexander que al igual que Mina reían disimuladamente.
—Se lo merecía. —murmuro Juliet y Mina negó con una sonrisa.
—Gracias señora Montesco. —susurro mientras miraba otra vez la pequeña caja de madera.
—De nada. —respondió Juliet viendo hacia las escaleras.
 Phillip bajo un momento para sacar de otro estante un velo de novia de seda con incrustaciones de piedras de cristal. 
—Valla hasta que apareces.
Tensándose ante la voz de Jayne, Phillip cambio rápidamente su mueca de fastidio por una sonrisa tan falsa como la bondad de dicha lady Wetherby.
—Madame Jayne…Salut.
Jayne agito su mano.
—Lady.
Corrigió con leve molestia.
—Claro…lady Jayne.
Juliet rio.
—Que curiosa manera de llamar a un señora. —susurro bajo pero aun así lady Jayne la escucho, solo que fingió indiferencia.
 — ¿Vienes a encargar algo? —pregunto Phillip cruzándose de brazos.
—Un par de cosas.
Phillip mantuvo la expresión torcida mientras miraba a lady Wetherby y luego a Mina. Su salvación para esta incómoda situación.
—Oh, señorita Murray ya está todo listo para que se pruebe su vestido de novia.
Mina miro discretamente a Alexander que con desanimo le devolvió el gesto.
—Vamos venga.
Phillip casi la arrastro por las escaleras sin decir nada más a lady Jayne que soltó una maldición silenciosa
….
De pie frente al espejo de cuerpo entero Mina miro el hermoso vestido de novia. Era un diseño moderno, con el corsé que se extendía hasta más abajo que la cintura donde empezaban montones de volantes de seda y tela color blanco con incrustaciones de cuencas de vidrio dispersas en el busto del corsé.
—Estas muy bonita Mina. —dijo Lucy mientras le acomodaba el velo en el cabello.
—Es la moda más reciente el parís debo decir. —Phillip añadió antes de que se fue a asomar por la ventana hacia la calle esperando no ver más el carruaje de su clienta menos favorita, pero al parecer lady Wetherby no estaba rindiéndose.
—Todavía no se va.
Lucy fue a asomarse también.
— ¿Lady Jayne está aquí? —pregunto a Phillip que con fastidio asintio.
—Siempre viene a encargar sus vestidos aquí.
Lucy levanto una ceja ante su tono de fastidio.
— ¿Pero eso es bueno no?
Phillip asintio.
—Sería bueno si no me hace repetir mis diseños solo porque no le parece el corte del pecho. Dios esa mujer es una… ya sabes.
Lucy asintio.
—Además para colmo hoy parece de pésimo humor. —mascullo Phillip cruzándose de brazos.
Mina vio cómo su amiga sonreía.
—No estarás pensando en ir a molestarla, ¿oh si? —pregunto alisando la tela rugosa de su corsé.
Lucy sonrió.
—Solo un poco.
Jalo del brazo a Phillip.
—Ven ayúdame a ponerle los pelos de punta a esa bruja.
Negando ante su comportamiento infantil Mina regreso a observarse al espejo. Estaba como soñó de niña, con un vestido tan hermoso como el sol atraves de una capa de niebla ligera y aun así no se sentía feliz.
—Jonathan. —susurro tocando el espejo tratando de ver un futuro con su novio de la adolescencia, pero lo único que veía eran los ojos azul verdoso y el cabello negro de él, de Alexander Grayson. Todos sus ratos fugaces e infieles en el espejo y en un arranque de ira se arrancó el velo y lo arrogo al suelo mientras ella se echó a llorar como a la niña que le rompen en corazón que siempre supo que seria.
—Mademoiselle Mina…
Desde el suelo Mina levanto la cara y vio atraves del reflejo a la señora Juliet y avergonzada se apresuró a ponerse de pie.
—Creo…creo que tropecé con el velo. —dijo limpiándose los ojos con los guantes largos sin importarle que aún no estuvieran pajados.
—Las penas del corazón nunca pueden ocultarse.
Recogiendo en su camino al sofá el velo Juliet le ofreció un lugar junto a ella.
—Usted no está enamorada de su prometido.
Mina negó.
 —Claro que si lo estoy, lo amo, lo…amo…
Juliet negó con una mueca de tristeza.
—Yo lo vi todo, usted está enamorada del caballero que venía con la señora Jayne y sufre por que el no parece reconocer su presencia cuando esa mujer está presente.
De sus bolsillos saco la pequeña caja de madera.
—Esta pequeña caja guarda un trágico amor…dos amantes separados por una crueldad…algo parecido a lo qu acabo de presenciar.
Mina se entristeció más.
— ¿Acaso soy tan obvia? —pregunto con la mirada en el suelo.
—Bueno mademoiselle Mina como le dije las penas y el amor no pueden ocultarse.
Juliet también hizo una mueca depresiva mientras tocaba el símbolo pintado en la madera.
—Me gustaría contarle una historia.
Mina la miro y asintio.
—Me encantaría escucharla —le dijo sonriéndole levemente
—Bueno hubo un príncipe que se enamoró de una esclava y condeno a ambos a siempre andar por la vida buscando su otra mitad.
Juliet le puso la caja en la mano y sonriéndole maternalmente cerró sus dedos.
—Él al darle esta caja juro que incluso la muerte jamás podría separarlos y ahora sé que la leyenda es cierta
—No podría aceptarla. —se apresuró a decir tendiéndosela a Juliet que solo negó.
—Usted y ese caballero me recuerdan mucho a una pareja que me ayudo en su momento a cumplir mi historia de amor, permítame darle algo de suerte.
Mina ladeo la cabeza.
—Creí que guardaba una historia trágica.
Juliet sonrió mientras se ponía de pie.
—Eso no quita la probabilidad de que también traiga suerte.
La puerta volvió a abrirse y Alexander apareció inesperadamente.
—Iré a buscar su ropa señorita Murray. —dijo Juliet caminando hacia la puerta tan rápido que Mina no tuvo tiempo de pedirle que se quedara con ella.
—Esta hermosa señorita Murray. —susurro Alexander caminando hacia donde estaba.
Mina se sonrojo.
—Gracias…Señor Grayson…
Incomoda se quedó mirando el regalo de Juliet.
—Es un vestido bastante… ¿lujoso?
Mina dio un suspiro.
—Supongo que sí, Lucy lo escogió y bueno ya la ha visto.
El sofá chirrió cuando Alexander se sentó a su lado.
—Debí imaginarlo —dijo dando un suspiro que Mina tradujo erróneamente como un gesto de lastima.
—Parece que sí, lady Jayne también ya me expreso su opinión.
Apretó los puños.
—Debo parecer tan fuera de lugar en un vestido como este en su opinión señor Grayson.
Cuando él asintio fue una puñalada certera y dolorosa que casi rompe su corazón.
— ¡Claro por qué Jonathan es un pobre diablo al que nadien le confiaría una moneda! —grito poniéndose de pie lista para irse.
—Yo le habría dado el dinero para un vestido más increíble. —Alexander se levantó y dijo deteniéndola ates de que llegara a la puerta. —Solo tenía que pedirlo…
Mina rio de dolor puro y crudo.
—Supongo que lo habría hecho, usted señor me ve como una especie de mujer indefensa que necesita ayuda…solamente por eso.
Alexander también sufría y para demostrarlo apretó los puños con fuerza sobre humana. Que no se daba cuenta que el tema de su matrimonio también hacia sufrir al “americano”.
—Porque la amo, por eso le habría dado todo a su prometido para que le diera una vida digna.
— ¿Amor?...usted no tiene derecho al hablarme de esa farsa.
Se giró a enfrentarlo.
—Usted señor Grayson no me ama…
Juliet salto cuando la puerta fue golpeada. Curiosa se asomó para ver a Mina y Alexander besarse apasionadamente.
Ampliando los ojos Mina miro hacia los de Alexander. La estaba besando, ¡a ella!
—Entones por qué haría esto. —susurro apartándose para después inclinarse para besarla de nuevo, pero esta vez con suavidad y ternura.
—No…no…usted está mintiendo. —pensaba mientras lo empujaba lejos.
—Ya me canse de estos juegos Alexander.
El vampiro sonrió cuando escucho su ingesta de aire irregular.
—Usted parece olvidar que soy una mujer comprometida y usted al parecer también. —con el recuerdo amargo de lo que vio argullo sacando a la superficie a la mujer valiente que sabía dormía en su interior.
—No estoy comprometido.
—Bueno permítame decirle que lady Jayne aparenta lo contrario.
Alexander suspiro ante la imposibilidad de no poder decirle la verdad. El temor de ganar su odio mantenía su lengua quieta, porque un mounstro que vivía de la muerte de los inocentes, sí que era digno de repulsión y odio.
—Son mentiras.
Mina rio mientras negaba.
—Como las suyas. —burlándose mascullo causándole más dolor al caído.
—No diré que yo no he mentido, pero todo es por tu bien Mina.
Volvió a acercarse a ella.
—Mi bien… ¿por qué tendría usted que mentir para protegerme? —cuestiono mirándolo a los ojos preocupada.
—La señora Wetherby tiene vínculos con gente peligrosa y para acabarlos hay que llegar cerca.
Mina suspiro cuando él la abrazo con fuerza.
—No hay otro interés en mi fachada de cortejo con ella Mina.
Pasos venían desde afuera y después un grito de parte de Lady Jayne llamando a Alexander, Mina se tensó pero el vampiro no la soltó.
— ¡Alexander!
La pelilla de puerta se sacudió y lanzando un suspiro de fastidio Alexander se apartó lo suficiente para mirarla a los ojos compartiendo un intercambio de confesiones silenciosas.
—Alejandro…espera. —susurro Mina deteniéndolo.
—Te amo.
Le dio un beso sutil antes de irse hacia el vestidor para esperar a Juliet para poder cambiarse. Justo a tiempo para no ser vista por Jayne.
— ¿Alexander que haces aquí?
El miro a la mujer rubia.
—Nada. —respondió con simpleza caminando fuera de la habitación.
—Ja nada, si como no…
Jayne le dio una mirada molesta al velo en el sofá. El había estado con ella, estaba segura de que por eso no respondía a sus llamados y eso la hacía enfurecer. Ella era lady Jayne Wetherby la mujer con más amantes de este lado de Londres, nadien se le podía resistir, ni siquiera Alexander Grayson con su etapa de chiquillo enamorado.
—Maldita sea. —susurro saliendo hecha una furia.
Mina se quedó mirando atraves de la rendija de la puerta la salida escandalosa de lady Wetherby- y suspiro aliviado de que no tuviera que seguir soportando sus comentarios mal intencionados.
—Señorita Mina su ropa.
La silueta de Juliet apareció de repente obstruyendo su campo de visión.
—Gracias señora Juliet.
La mujer sonrió maternalmente mientras la instruía a darse la vuelta para que pudiera desabrochar el vestido.
 —No es nada.
Más tarde ambas bajaron para encontrarse que Lucy y Phillip había tenido tanto éxito molestando a la señora Wetherby que fueron a celebrar al café más cercano.
—Supongo que regresare sola a mi casa.
Dándole una sonrisa de despedida a Juliet camino a casa sola pensando en las palabras de Alexander. Quería creer que él la amaba pero un pensamiento persistente le alentaba a- desconfiar. En pocas palabras se sentía como la esposa a que descubre la infidelidad de su marido.
—Quisiera poder saber que oculta—susurro para sí misma mientras cruzaba la calle sin darse cuenta del carruaje que venía a toda velocidad.
— ¡Cuidado! —grito el conductor y ella salto fuera del camino tan rápido que termino cayendo de espaldas en el suelo.
—Dios.
Se tocó el pecho por poco era arrollada. Pensó mientras se levantaba y sacudía sus ropas.
—Oh —murmuro cuando se dio cuenta de la caja tirada en el suelo. Parecía haberse abierto con el impacto.
Mina miro hacia adentro pero no encontró nada. Suspiro, luego le pediría a Jonatán que la arreglara.
….
Para cuando regreso a su casa se encontró que Jonathan había dejado todo un desastre en su pequeña sala. Por qué lo había dejado quedarse aquí a leer su periódico cuando sabía que él no era todo un caballero cuando estaba solo.
—Buenas noches hija.
Michael Murray entro usando su propia llave y después de darle un saludo cansado a su hija se fue directamente a su habitación sin decir nada más. Mina suspiro, su padre trabajaba tan duro que a veces le preocupaba su salud.
— ¡Te subiré la cena papa! —grito al pie de las escaleras antes de ir a la cocina para montar en una bandeja algo de té y un poco de sopa.
—Valla cuantos pacientes vi hoy Mina.
El doctor Murray se quitó los zapatos y se sentó en la cama.
— ¿Sabías que aun atendemos a unas cuantas víctimas de la explosión?
Mina asintio mientras bajaba la bandeja en la mesa junto a la cama.
—Es una pena que no me dejen ayudar papa. —dijo en un suspiro de decepción.
—Ya lo hablamos querida tienes que aprender más cosas aun.
Mina se cruzó de brazos y frunció el ceño.
—Jhon Seward estaba en mi clase y mira ahora ya es un doctor.
Michael negó.
—Bueno él…él es diferente querida.
Mina negó.
—Claro papa es un hombre, obviamente por eso lo ascendieron tan pronto.
Cerró los ojos tratando de calmar su creciente ira.
—Mina tu algún día podrás cambiar esas restricciones. Pero por ahora, que tal si le lees algo a tu viejo padre.
Tomo el tazón de sopa entre sus manos y comenzó a comer mientras su hija iba a su habitación por el libro que solían leer desde que era pequeña.
Una vieja historia con la que su padre gano el corazón de su madre, y después paso a ser un libro que aun después de la muerte de su madre su amoroso padre le leyó siempre antes de dormir. Como traía pensamientos cálidos siempre que habría sus hojas, secretamente guardo en el las cuatro rosas rojas que Alexander le dio en el hospital.
Sonrió mientras tocaba las rosas semi secas para después guardarlas en la caja que madera que saco de sus bolsillos. No sabía por qué pero sentía que este sería un buen lugar para guardarlas.
….
Para cuando regreso a la habitación él ya estaba dormido. Pobre estaba tan cansado que ni siquiera acabo su sopa, pensó Mina mientras recogía el tazón, la bandeja con la taza de té y se iba- a la cocina para lavar los trastos antes de por fin irse a dormir al punto de la media noche.
Mina esa noche se quedó pensando otra vez en su pequeño encuentro con Alexander en la sastrería. Sus palabras eran tan sinceras que no pudo negar que seguía creyendo en ellas aun cuando lo había visto salir con lady Jayne tomados del brazo.
Ella estaba tan confundida sobre que giro tomaría su vida, se casaría con Jonathan enterrando en el olvido su enamoramiento platónico, oh, tal vez ella simplemente esperaría a que Alexander confiara lo suficiente para contarle sus secretos.  Termino suspirando cuando se dio cuenta una vez más que echaba de menos la presencia de una madre en su vida, tal vez si su madre viviera le hubiera aconsejado.
Apago las luces para después acomodarse mejor en la cama deseando que en sus sueños las respuestas a sus problemas aparecieran.
….MINA….
Sentí frio y al abrir los ojos me di cuenta de una espesa capa de niebla alrededor de mi cama, me levanto para después envolver una de mis mantas a mí alrededor, ¿de dónde había venido toda esta niebla?, me pregunto mientras busco la cadena de mi lámpara, pero no encuentro nada.
— ¡Ilona!
Casi salto cuando escucho el grito de un hombre en mi habitación.
— ¡Donde estas!
Confundida busco frenéticamente algo que me ayude a ver por lo menos la presencia de ese desconocido pero solo me encuentro tocando algo rasposo, algo como la corteza de un… ¿árbol?
— ¡Que! —grito cuando me doy cuenta que efectivamente estaba tocando un árbol. ¿Qué estaba haciendo un árbol en mi habitación? y ¿Porque el suelo estaba tan frio?
— ¡Ilona cuidado!
Girándome a tiempo para ver que estaba a centímetros de un profundo abismo doy un salto hacia atrás tropezando con un tronco que estaba en el suelo.
— ¡Que está pasando! —grito interiormente asustada.
—Ilona… ¿estás bien? —el hombre desconocido se apresura a preguntar y yo simplemente lo miro confundida.
— ¿Quién eres?
Él levanto una ceja y rio divertido.
—Estas bromeando ¿no?
Niego mientras me pongo de pie y me pongo a buscar mis zapatos.
—Soy yo…Aron…
Me dio una mirada extraña.
— ¿Qué haces? —cuestiona cuando me ve buscando entre la maleza que poco a poco se hace visible gracias al sol que comienza a salir.
—Buscando mis zapatos.
El ríe.
—Dudo que los encuentres aquí.
De rodillas en el suelo húmedo lo mire interrogante.
— ¿Por qué? —pregunto con una mirada seria que detiene su risa y sustituye su expresión de diversión por una de preocupación.
—Bueno Ilona estamos en medio del bosque, debiste perderlos cerca de donde caíste.
Señalo un punto en mi frente y yo toque la herida que ahora se hacía presente con una leve punzada de dolor. Esto tenía que ser una broma, oh, un loco sueño de esos donde un fuerte alucinógeno tiene algo que ver… si eso tenía que ser yo estaba soñando.
—Auch.
Aron amplio los ojos cuando me vio darme un gran pellizco en mi brazo tratando de obligarme a despertar pero solo quedo la marca roja en mi brazo mientras yo seguía hay de pie.
—Ilona de verdad creo que sería mejor regresar, estas muy extraña y herida.
Se quitó su abrigo y me lo puso en los hombros para después jalarme del brazo hacia un terreno donde estaba un carruaje bastante extraño con las palabras “madame kart” escritas con pintura roja.
 —Valla hasta que aparecen par de inútiles.
Una mujer mayor con ropas extravagantes salió de entre una cortina de cuencas de vidrio.
—Madame perdone la tardanza, pero la niebla era muy espesa. —dijo Aron soltándome.
—Ya veo.
Captando mi mirada curiosa la mujer se giró hacia Aron.
— ¿Qué le pasa? —le pregunto señalándome
—Bueno, ella…ella no recuerda nada madame. —respondió a lo que ella rio.
—Que conveniente regresar con las manos vacías y una historia tan absurda no Ilona.
Fruncí el ceño.
—Ese no es mi nombre. —dije para consternación de Aron y esa llamada madame.
—Qué curioso tu padre dijo que ese era tu nombre cuando te entrego a mí.
Aron le puso una mano en el hombro.
—Madame ella no recuerda nada, creo que se golpeó la cabeza.
Ella suspiro y con su bastón golpeo el suelo.
— ¡Te dije que tuvieras cuidado pequeña tonta! —Grito molesta. — ¡Ahora de que me sirve una buena para nada como tu Ilona!
Apretando los puños di un paso al frente.
— ¡Ya le dije que ese no es mi nombre!
…..
Madame Kart frunció el ceño y levanto su bastón lista para golpearla como tantas veces lo había hecho cuando ella se negaba a obedecerla, pero el relinchar de los caballos la detuvo para que se concentrara en los asuntos más importantes.
—Maldición—susurro cuando vio el símbolo impreso en los estandartes que encandilo también a Mina que se vio arrastrada de repente hacia adentro de la carrosa.
Madame Kart había escuchado en su recorrido por el pueblo los rumores de que la armada del príncipe Vlad estaba pidiendo a los forasteros un tributo para dejarlos pasar por sus territorios. Especialmente a los gitanos, que obviamente tenían que compartir con el príncipe algo de lo ganado con sus pequeños trucos.
— ¿Hey gitana esta es toda tu caravana? —pregunto un soldado mientras se acercaba.
—Obviamente lo es.
El soldado le dio una mirada de sospecha. La anterior caravana que paso cerca de sus territorios era por lo menos el triple que esta.
—Dime gitana, ¿porque vienes tu sola?
Madame se giró a ver al hombre que custodiado por el resto de la armada se acercaba hacia ellos.
—Su señoría solo yo me aparte de la caravana para seguir probando suerte— mascullo haciendo una reverencia.
—Entonces sabes del tributo.
Madame asintio.
—Algo se comenta por los alrededores.
El chasqueo los dedos y uno de los soldados saco de un costal de cuero una caja grande de madera.
—Vamos mujer suelta las monedas.
Kart miro la caja rebosante de monedas y luego palmeo sus bolsillos. Ella era de esas mujeres ambiciosas que no soltarían ni una pieza de oro aunque su vida peligrara.
—Mi señor son tiempos difíciles para nosotros, solo cuento en este momento con una sola moneda.
El agito la caja.
—Soy una mujer mayor que viaja sola…no cree que esta moneda me sea más útil a mi…
Le dio su mejor cara de víctima y él suspiro. Primero tiene que ir personalmente a recaudar el dichoso tributo con uno de los sirvientes de Vlad que para colmo se revelaba en cada oportunidad que tenía, y ahora esto. Dios él era Fausto el jefe de la orden no un mundano cobrador.
—Entonces que sugiere, las personas que no pagan el tributo… bueno seguramente ya sabe lo que pasa.
Madame Kart se estremeció ante el recuerdo bizarro de esas pobres victimas que había visto en su camino hacia aquí. Obviamente ella no quería correr su misma suerte.
—Un tributo humano.
Una sonrisa se extendió en el rostro del hombre.
—Le doy mi sirviente y usted me deja ir. —susurro mirando precariamente a los soldados.
—Una vida a cambio de conservar una pieza de metal…que interesante.
Mina desde adentro del carruaje miro por la ventana hacia donde estaba Madame y ese hombre tan extraño.
—Esa maldita bruja —susurro Aron apretando los puños. —Vendiéndonos como ganado…
Ampliando sus ojos Mina se quitó de la ventana. Quería irse a su casa y despertar de esta pesadilla, pero no era así de fácil al parecer.
—Bueno muéstrame.
Madame Kart asintio e inmediatamente se fue a sacar a Mina que estaba al borde del colapso.
—Es ella su señoría, una niña que mantengo gracias a sus dotes intelectuales.
El hombre miro a Mina que simplemente se quedó mirando el símbolo en la caja llena de monedas de oro. Era el mismo que tenía el regalo de la señora Montesco.
 — ¿Una mujer inteligente? —pregunto con diversión y sus soldados rieron molestando a Mina.
—Vamos mujer no me vendas plata diciéndome que es oro.
Mina noto que fausto estaba meditando y sinceramente se preocupó por su destino.
—Que sabe hacer.
El la tomo del rostro y la examino a detalle.
—Es muy útil. —susurro madame temblando como una hoja.
—Es útil para mí en ese momento, agradece a dios.
Chasqueo los dedos y un soldado saco una cuerda para después atar las manos de Mina.
—Yo te recomiendo irte antes de que el príncipe salga a cabalgar.
Subiendo a su caballo espero a que aseguraran bien el amarre de su nueva adquisición para echar a andar su corcel.
— ¡Ilona! —grito Aron pero ya era tarde la caballería se había ido.
— ¿Cómo pudo hacer eso?
Madame se encogió de hombros.
—Era lo más útil, estas valen más que esa chica rota.
Aron jalo el brazo de la mujer mayor.
— ¡Ella era mi hermana!
Kart negó mientras le daba un manotazo para soltarse de su agarre.
 —Ella ya no era de utilidad para mí. —dijo mientras sopesaba la bolsa de cuero llena de monedas y caminaba toda encorvada hacia su carreta.
….
Mina no sabía que hacer ahora que al parecer había sido vendida por unas cuanta monedas. Solo pensaba en la forma de escapar de esta locura, pero nada se le ocurría.
—Mina…
Escucho la voz proveniente de entre la maleza y se detuvo un momento para mirar hacia todos lados en busca de la fuente de aquella voz fantasmal.
—Mina…
Una mancha color rojo resalto entre el verde y después vio a una anciana de pie junto al camino mirándola. Habría preguntado quien era pero un tirón en la cuerda la hizo perder el equilibrio y caer de rodillas en la tierra dura.
— ¡Hey ponte de pie! —grito uno de los soldados tirando de la cuerda para obligarla a levantarse pero ella tenía las rodillas raspadas y dolían demasiado como para ser solamente parte de un sueño.
— ¡Hey!
Fausto de giro a ver con advertencia al hombre que tomo del cabello a Mina.
—No te atrevas esteban. —dijo con una mueca suave.
—Es un regalo para nuestro querido príncipe.
Esteban bajo la cabeza y simplemente dio un “sí señor” antes de regresar a su puesto. Mina simplemente continuo a caminar tratando de ignorar el dolor en sus piernas.
¿Qué iba a pasar ahora con ella?, ¿quién iba a poder ayudarla ahora que Alexander no estaba?, se preguntaba mientras poco a poco divisaba las murallas del castillo tepes.
…..


viernes, 5 de diciembre de 2014

….
Corriendo sin descanso buscaba un refugio, pero de un momento a otro sintió la corriente fría del agua del lago subterráneo hacer más difícil su desesperada huida. 
Las aguas antes turquesas brillantes tan puras como lo fue su alma en algún momento se tornaron negras y espesas apenas esa voz de tonos antes doraros gritara una y otra vez su nombre con furia.
— ¡Christine! —gritaba encolerizado el fantasma y su voz ahora de demonio creaba ecos espantosos que provocaban en la prima donna un temor indescriptible.
— ¡CHRISTINE!
Ella se detuvo a tapar con sus palmas temblorosas sus oídos. Ya no quería escucharlo sin esa ternura y amor que siempre escucho de sus labios, no soportaba la decepción y enojo en sus palabras crueles que torturaban su alma.
Era su culpa, ella gano su corazón y lo destruyo. Esa pobre alma solitaria que había sufrido los horrores de la sociedad ignorante, que aun en su piel tenía las marcas imborrables del maltrato fue pisoteado por la única persona a la que abrió su corazón agonizante.
Lo llamo mounstro y lo juzgo por una cara que él nunca pidió.
— ¡TE ODIO NIÑA IGNORANTE!
Ella ahogo un sollozo ante la declaración adolorida para después negar frenéticamente. Este no era su ángel, este no era Erik, esta voz era la de el infame opera ghost. Una fachada que su querido profesor usaba para enmascarar su alma sensible, y él la usaba de nuevo para aparentar que su traición no le había lastimado hasta el punto medio entre el dolor agonizante y la anhelada muerte.
—Christine…Christine….CHRISTINE.
Dando un respingo Christine se encontró en su cama con Meg delante de ella sacudiéndola con suavidad.
— ¿Meg?
Su amiga rubia asintio.
—Quien más Christine.
Incorporándose Christine miro hacia todos los rincones de su habitación. Ya no había frio lago negro profundo que la ahogaba a cada momento, ya no había voz furiosa y el peligro ya no estaba tampoco.
 — ¿Estabas teniendo una pesadilla verdad? —pregunto Meg casualmente metiendo las manos detrás de su espalda.
—Algo así. —contesto Christine notando que su amiga ya estaba arreglada para los ensayos de esta mañana.
—Me lo imagine cuando te vi sacudirte de esa manera.
Christine sonrió cansada mientras salía de la cama.
—Christine no deberías exigirte tanto.
Ella se refería a todas las noches que se quedó en su camerino repasando las líneas que le tocaban representar en esta ópera. Romeo y Julieta una obra literaria cargada de drama, romance y tragedia como su propia historia con el hasta ahora ausente fantasma.
Julieta fue su papel sin siquiera proponérselo, al parecer los gerentes consideraron que ella era la indicada para interpretar a la pobre mujer que perdió al amor de su vida por culpa del odio. Que cruel era el destino con ella al imponerle la tristeza incluso en sus interpretaciones.
—Tienes razón, ¿pero qué hago?, los gerentes esperan mucho de mí.
Meg suspiro.
—Yo creo que está adoptando el papel muy enserio.
Señalo su expresión de tristeza.
— ¿Romeo no está siendo indulgente verdad?
Christine no sabía precisar si su joven amiga se refería a el vizconde, oh al propio Erik del que una vez le conto omitiendo lo obvio claro.
— Esa cara no es por Raoul.
— ¿Es por ese misterioso hombre?—Cuestiono sabiendo muy bien la respuesta
—Hice algo terrible. —confeso con dolor claro en su rostro. —Tal vez provoque su odio.
Ambas salieron de la sección de habitaciones de todo el cuerpo de ballet y bajaron por las escaleras de metal hacia el escenario.
—Vamos  nada es tan terrible.
Christine negó.
—Lo que yo dije si es terrible, y no te imaginas como me arrepiento.
Meg habría querido decir algo para aliviar la angustia de su amiga pero su madre rompió el silencio con un golpe de su tacón en el piso.
—Llegan tarde.
Madame Giry les dio una mirada molesta.
—Las demás ya terminaron el desayuno.
Meg y Christine bajaron la mirada. Con madame Giry no se debía discutir, eso lo aprendieron a la mala.
—Vamos dense prisa.
Asintieron y caminaron con prisa hacia el comedor.
—Christine. —llamo la profesora y ella volteo lentamente.
— ¿Estas bien?
Ella negó.
— ¿Señora…ha sabido algo de Erik? —le pregunto con una expresión cada vez más decaída.
—Bueno...no…lo siento.
Christine no le creyó en lo más mínimo.
—Madame por favor necesito verlo…para disculparme.
Madame Giry negó.
—Él no quiere ser molestado, lo siento Christine, pero se acabó.
Tal como en su sueño sintió la caída en el abismo al escuchar la declaración de su madre adoptiva. Esto no podía acabarse, no así.
—Erik está muy herido, el simplemente dejo la música, ya nada te une a él.
Ante las declaraciones Christine negó. Ella lo conocía demasiado como para creerse esa mentira.
— ¡Por favor dígame donde esta!
Volvió a pedir esta vez con más fervor.
— ¿Para qué?, ¿para terminar de destruirlo?, no Christine, él es como otro hijo para mí y no puedo permitir que sufra más.
 Enderezando su vestido color verde y su chal negro se fue hacia otra parte lejos de las suplicas de su alumna. Ella hizo un juramento a aquel hombre roto que en su tiempo fue tan temido y estaba cumpliéndolo.  Sin importar cuanta agonía viera en los ojos de su hija adoptiva.
….
Los días pasaron y cada noche era el mismo sueño para Christine. Erik reprochándole por la forma en que se lo había descrito a Raoul y ella intentando llegara a él atraves de lagos oscuros espesos y profundos.
Madame Giry seguía fiel a su promesa de mantener la ubicación de Erik secreta aun cuando Christine le rogaba tan desesperadamente como esa noche.
— Solo quiero verlo, madame por favor.
La maestra de ballet negó.
—Ya te lo dije Christine olvídate de Erik, él no quiere verte.
Meg que estaba junto a su amiga levanto una ceja al ver la maneta tan fría en la que su madre trato a Christine.
— ¿Que fue todo eso? —pregunto después de que su madre se fuera.
—Nada. —le respondió rastrillándose las lágrimas y caminando hacia el lado contrario del corredor dejando a Meg muy preocupada.
De regreso a su camerino se topó con el apuesto vizconde esperándola junto a su puerta. Se golpeó interiormente ya que había olvidado que Raoul la había invitado a un paseo por la ciudad, ingenuamente esperando que así se quitara ese velo de dolor, pobre ingenuo Raoul nunca ve más allá de su nariz, pensó deteniéndose frente a él.
—Christine que bueno que llegas.
Raoul le sonrió con dulzura.
 —Todo está listo para nuestro paseo. —dijo aventurándose a tomar sus manos deteniéndose a notar que estaba muy fría.
—Raoul lo siento pero estoy cansada.
El rubio hombre negó.
—Otra vez con eso Christine, ayer me dijiste lo mismo.
La prima donna suspiro.
—Raoul por favor.
Raoul negó.
—Que no entiendes que trato de ayudarte. —mascullo perdiendo la paciencia.
— ¡No quiero tu ayuda!, Raoul tu no entiendes…solo vete.
Con intenciones de encerrarse en su camerino fue a tomar el picaporte de su puerta pero Raoul la jalo del brazo.
— ¿Hay alguien más verdad?
Apretó su muñeca.
—Es por eso que están tan triste, ¡por ese mounstro!
Frunciendo el ceño ante la manera en que el Vizconde se refirió a su amado ángel Christine se soltó con brusquedad de su agarre y lo enfrento.
 — ¡No vuelvas a llamarlo un mounstro!, ¡tú no sabes lo que él ha pasado!
Raoul rio.
—Tu misma me lo describiste como una abominación Christine, fueron tus palabras no las mías.
 Christine negó mientras las lágrimas hacían surcos en sus mejillas una vez más.
— ¡Eres un idiota!
Desde el otro lado del pasillo Meg miraba la escena con incredulidad.
—Madre dime quien es ese hombre por el que Christine rechazo al vizconde.
Madame Giry que también había aparecido atraída por el ruido de la discusión miro a su hija.
—¿Por qué quieres saberlo? —pregunto cruzándose de brazos.
—Quiero ayudar a Christine pero si no se toda la historia no puedo.
Antonieta Giry sonrió.   
—Bueno…él es un músico, el más virtuoso que he escuchado.
Meg asintio.
—Para Christine fue un gran apoyo desde la primera vez que llego a la opera. —dijo con melancolía recordando lo feliz que estaba la pequeña Christine cuando tomo al fantasma por ángel.
— ¿Quieres decir que ese hombre es su famoso ángel de música?
—Si él es…
Meg suspiro.
—Valla ahora entiendo…un hombre con la voz de oro y un rostro atractivo, veo por qué el vizconde resulta tan insignificante para ella. —dijo soñadora.
—No, él no es guapo como el vizconde, él es feo.
Madame miro hacia la habitación de Christine.
—Esconde algo terrible detrás de un mascara.
Meg hizo una exclamación de terror.
—Una…una máscara… ¡oh dios es el opera ghost!
Raoul que estaba por irse alcanzo a escuchar el grito de Meg y se detuvo a espiar.
—Cómo puede amarlo, él es un asesino.
Antonieta miro mal a su hija.
—Meghan recuerdas lo que te dije una vez, todos cometemos errores.
Raoul rodo los ojos, ahora comprendía quien solapaba las reuniones de Christine con el mounstro.
—Pero mama ella corre peligro con él. —argullo mirando por un momento hacia las sombras asegurándose que dicho fantasma no estaba escuchando.
—Él la ama, jamás le haría daño.
Explico Madame Giry.
—Es un asesino.
Insistió Meg, pero su madre salió una vez más en defensa de Erik.
—Meg él es un buen hombre al que le debemos mucho, recuerdas cuando tu padre murió.
Ella asintio. Tenía seis años cuando su padre murió, pero recordó que hubo un hombre que ayudo a su madre a darle un funeral digno al hombre que más amo. Tenía una máscara que lo hacía ver aterrador.
—Mama si insistes tanto en su amor por Christine, ¿porque no le dices donde esta?
Madame Giry suspiro.
—Ella lo daño sin darse cuenta Meg, y él está muy lastimado temo que si lo vuelve a ver no será capaz de comprender sus sentimientos y lo lastimara más.
Raoul sonrió maquiavélicamente. Todo un plan se formó en su cabeza.
—Ella es joven y con un vizconde…Erik no tiene nada más que la dignidad, con el tiempo lo olvidara.
Meg miro hacia el suelo con tristeza.
—Solo espero que la tristeza no la termine matando.
El vizconde se enderezo y salió de la casa de la opera con la firme idea de matar ese lazo que aún tenía conectada a su querida lotte con el infame opera ghost. Claro sin pararse a meditar las consecuencias terribles.
….
En su camerino Christine miraba el espejo de marco dorado deseando que su ángel apareciera. Lo necesitaba como nunca, sus palabras dulces y amorosas, su música, su guía, su sola compañía.
—Ange.
Toco el vidrio pulido y suspiro. Hoy más que nunca se sentía seguro de sus sentimientos, todo el tiempo que estuvo a solas con su mente considero a fondo las cosas, Raoul y Erik, la luz y la sombra, el príncipe y el villano.
En pocas palabras comparo los sentimientos que tenía por el vizconde con lo que despertaba su ángel en ella y al final con pesar se dio cuenta que el fuego siempre estuvo hay aterrándola con su intensidad. Un recordatorio de a quien pertenecía su corazón.
—Erik…te amo…por favor ven…
Se quedó callada tratando de escuchar algo que le indicara que la estaba escuchando.
—Te necesito…
En un recoveco de su mente se preguntó si esto sería como en Romeo y Julieta, si Erik estaría como romeo escuchando a escondidas su confesión. Christine deseo con fuerza que fuera así mientras se quedaba con la mejilla contra el espejo llorando las penas de un corazón roto.
….
A la mañana siguiente toda la opera se despertó con la noticia del compromiso auto proclamado del vizconde con la prima donna Christine Daaé. Todos estaban en shock inclusive Christine que busco converser que era solo una mentira pero al parecer un anuncio en el periódico convencía de lo contrario.
Confronto a Raoul, pero él simplemente le dijo que todo esto era para protegerla, aunque al final solo era para vengarse.
—Christine.
Se tensó al escuchar la voz familiar.
—Erik.
Se lanzó a abrazarlo con fuerza pero él no respondió.
 —Tú dijiste que me amabas y luego…vas y celebras tu compromiso.
Arrogo sobre el taburete el periódico y se giró a mirarla.
— Eso no es verdad—masculló en su defensa mirándolo a los ojos.
—Erik yo solo te amo a ti.
En un borrón Christine se encontró entre los brazos del fantasma.
—Estas mintiendo.
Ella negó.
—Tú me escuchaste, yo no miento cuando te dijo que te amo.
Para probar su punto puso sus manos en su rostro y deshizo las correas de su máscara revelando un rostro distorsionado.
—Christine. —Susurro este engatusado por los toques suaves que sentía en su piel —No me mientas más.
Ella toco la piel delgada de su mejilla.
—No te miento.
Sus labios rozaron los deformes de su ángel y respiro otra vez su confesión.
—Te amo…
Quería besarlo pero él la sacudió para apartarla.
 — ¡No!
Camino hacia el espejo entreabierto.
—Ya no caeré de nuevo.
Christine se fue tras él.
— ¿Es acaso que dejaste de amarme? —pregunto tomando un extremo de su capa. —Erik…
Su tono de tristeza fue demasiado para soportar, era más doloroso que el rechazo mismo.
—Nunca podría, aunque quisiera. —respondió cayendo de rodillas asustándola.
— ¡Erik! —grito apresurándose en su auxilio.
—Maldición…no pensé que actuara tan rápido.
Una botella pequeña rodo a sus pies.
—Que… ¿qué es esto?
Tomándola entre las manos lo miro a los ojos dispares.
—Veneno. —respondió con simpleza.
— ¡Que!, ¿por qué lo bebiste?
Erik rio.
—No es obvio. —susurro mientras señalaba el periódico.
—no…no… ¡NO!, son puras mentiras de Raoul.
Comenzó a sacudirse mientas lloraba desesperada.
— ¡yo jamás consentí ese anuncio!
Él la miro de soslayo sintiendo la vida irse poco a poco.
—Christine. —llamo tratando de llegar a ella con su mano temblorosa.
—Yo te amo.
Desgarro el papel y lo miro a los ojos para después sacudirlo.
—Erik tienes que creerme
El rio con diversión mientras pasaba sus dedos por su mejilla tratando de memorizar cada detalle antes de cumplir con el infierno que seguramente le esperaba.
—Te creo y te perdono Christine. —dijo bajando su rostro desenmascarado más cerca del de la ex bailarina.
—Te quiero…
 Su beso fue asolo un rose simple antes de que su cuerpo callera laxo contra ella
—Erik, Erik…por favor…
Lo sacudió otra vez obligándolo a abrir los ojos.
 —No me dejes.
Erik negó con la cara contra su cabello rizado.
—Aun la muerte no me apartara de tu lado. —dijo besando con suavidad sus rizos.
— ¡Erik!
Para Christine el pensamiento acudió como una solución errante a esta situación.
 —Bien entonces llévame contigo…como Romeo y Julieta…que nuestro amor termine en un dramático y trágico final.
Levanto su cara con sus manos temblorosas.
—Que… ¿qué haces Christine? —pregunto entrecortadamente en medio del agotamiento que entumecía su cuerpo.
—Besarte para que algo del veneno que bebiste me mate también.
Negó.
 —No…no lo hagas…tú debes vivir…en la luz lejos de mi sombra.
Christine rio.
—Que no entiendes que sin ti todo es un oscuro destino que no me interesa vivir.
Beso con delicadeza sus labios imperfectos encontrando lo que buscaba. El veneno amargo que aún se saboreaba en su piel agrietada.
—Oh, amor cortes concédenos el paraíso. —dijo Erik rindiéndose orando que esta decisión precipitada no condenara también a su amada.
—Erik.
Christine embozo una sonrisa mientras se acostaba en su pecho. Aun a las puertas de la muerte podía recordar los pasajes de la opera que el mismo adapto.
 — ¡Oh, feliz daga! , Este es tu filo, corróeme entonces, y déjame morir—Christine por su parte murmuro alzando la cara para que al final ella y Erik pudieran compartir un último beso antes de que el veneno detuviera sus corazones pero no su amor que esa noche los unió en la eternidad.
….
El tiempo paso normal a partir de esa noche que la profesora encontró en su camerino a ambos amantes muertos por envenenamiento.
Los chismes no se detuvieron, decían que la prima donna había sido víctima del amor obsesivo del fantasma. Raoul se había encargado de correr el chisme pero madame Giry siempre supo que había sido una decisión tomada con libertad.
Las almas de Erik y Christine eran tan unidas que si una llegaba a faltar la otra no sobreviviría y eso se lo explico el viejo amigo del expirado fantasma de la opera cuando se enteró que Erik había fallecido.

El dagora le conto que al enterarse del falso compromiso de Christine, Erik había elaborado un eficaz veneno que bebió antes de ir a confrontar a la cantante. Pero en vez de encontrar el rechazo que le haría desear la muerte, encontró el amor verdadero que lleva a cometer locuras.

—Meg ya es hora de irnos.

Desde la entrada del cementerio Antonieta grito a su hija que aun murmuraba un par de cosas a la lápida de Christine Daeé antes de dejar unas rosas.

—Ya voy mama.

Dándole una última mirada a la otra tumba se acercó a su madre.

— ¿Crees que son felices? —pregunto la rubia mientras ajustaba su abrigo lanudo para protegerse del viento helado del invierno en pleno apogeo.

—Están juntos, claro que lo son.

Apenas ambas mujeres salieran del cementerio la puerta de metal se cerró con un estruendo y una silueta luminosa apareció después de un soplo cargado de nieve. El fantasma hizo una mueca de tristeza.

—Pobre Meg.

Justo a su lado otra silueta apareció abrazándola por la espalda.

 —Ella piensa que empuje tu muerte. —dijo él con tristeza.

—Está equivocada, ange yo tome esa decisión, yo no habría podido vivir sin ti.

Se giró a verlo a la cara.

—Te amo.

Erik sonrió pasándole una mano por la mejilla.

—También te amo.
Ambos espíritus se desvanecieron entre la ventisca después de un beso regresando a su nuevo hogar en los cielos.
Fin
Wow mi primer Fanfic después de un buen rato. Esperaba que fuera más trágico pero al final simplemente no pude, espero fuera de su agrado y dejen un comentario. :}